ESTADO DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA
Desafortunadamente,
pareciera que en España vivamos el día de la marmota en cuanto a fracaso
escolar se refiere.
El 3 de octubre
de 2022, nos desayunábamos con la noticia de que el 28% de los españoles de 25 a 34 años todavía no tiene un título de
segunda etapa de educación secundaria (es decir de
4º de la ESO, Bachillerato, Formación Profesional Básica o de Grado
Medio), lo que representa el doble
de la media de los países de la OCDE.
A pesar de que el nivel educativo ha
aumentado en general, todavía el
14% de los adultos jóvenes (de 25 a 34 años) en la OCDE abandonaron la educación sin
uno de estos títulos en 2021.
Llama
la atención que, a día de hoy, los políticos de turno sigan poniendo el foco en
mejorar los recursos digitales de las escuelas o en una mayor inversión en
medios materiales, cuando hay suficiente evidencia empírica que demuestra que
los resultados académicos están directamente relacionados con el nivel
socioeconómico de las familias, el nivel educativo de los progenitores e
incluso con la herencia genética.
Está claro que las familias con mejor nivel
socioeconómico aportan un mayor número de libros al hogar, más asesoramiento
con los deberes o asistencia a colegios privados. También queda demostrado que
el nivel cultural de los padres influye positivamente en el éxito académico de
los hijos. Incluso leemos en estudios sobre el tema, que existen
diferencias de hasta del 50% en el rendimiento escolar de hijos biológicos
sobre adoptados, lo que explicaría la influencia genética.
Pues bien, parece que los responsables
educativos (y los españoles aún más, vistos los resultados) tropiezan una y
otra vez con la misma piedra, en vez de tratar de resolverlo poniendo los
medios para que las desigualdades socioeconómicas y culturales de las familias
se reduzcan.
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